«Para ocasionar un impacto positivo, la clave no está tanto en qué liderar sino en cómo liderar»

¿Se ha preguntado alguna vez qué puede aportar la neurociencia al mundo del management? Marta Romo investiga de qué forma puede ser entrenado el cerebro humano y sus beneficios para el aprendizaje, la creatividad y el liderazgo. Creadora del centro de entrenamiento cerebral Neuroclick y socia-fundadora de la consultoría BeUp, esta pedagoga especializada en neurociencia también disfruta escribiendo. Su blog fue elegido por Expocoaching como el mejor de 2019 y sus investigaciones están editadas en Entrena tu cerebro, publicado por Alienta Editorial. Invitada por Foroe, Marta Romo expone su visión sobre el liderazgo que impulsa la transformación positiva de las personas en las organizaciones.

Entrevista realizada por Rocío Celis, periodista y socióloga.

¿Cómo describe el estilo de liderazgo que conlleva una transformación positiva en las demás personas?

Es un estilo muy versátil, capaz de adaptarse a las circunstancias cambiantes y que además tiene una conciencia muy grande de cómo esto le impacta a él o a ella y a sus equipos. Es una persona que no está limitada por una manera fija de hacer las cosas, sino que es capaz de realizar distintas actividades en función del momento. Es un líder que sabe que el impacto de todo lo que hace puede ser mayor o menor en función de cómo lo haga y, por tanto, trata de regular también su manera de actuar.

¿Generar esos impactos positivos en plena crisis pandémica es posible?

En este sentido la clave no es tanto el qué, sino el cómo. El “qué” tiene que ver con decisiones, resultados y la sostenibilidad empresarial. Sin embargo, en cómo se comunican las cosas y cómo se hacen está realmente la diferencia entre un líder y otro. El líder que busca esa transformación positiva en el entorno y en los demás cuida el “cómo”.

Profundice un poco más en el “cómo”. ¿En qué consiste su propuesta?

Yo hago una invitación a la transparencia, la autenticidad y la coherencia. Cuando vas con la verdad por delante tienes mucha fuerza y tus interlocutores entienden la situación. El problema está cuando tratamos de disfrazar las cosas o llamarlas por otro nombre. La otra persona no es tonta y hay muchos detalles que están más allá de las palabras, por ejemplo, nuestro lenguaje no verbal, nuestro tono de voz, las feromonas -cómo huelen nuestras emociones-… El interlocutor capta todos estos mensajes y tiene un conocimiento muy exhaustivo sobre si lo que está escuchando es auténtico o no. Cuando no vamos con la verdad por delante al final ocasionamos un impacto negativo. Los cimientos son basarse en la verdad y tratar de compartir las cosas desde ahí. Se trata de que las dos personas que están comunicándose tengan la misma mirada sobre la misma realidad.

¿Qué significa “liderar con el cerebro en mente”?

Es una expresión que tiene que ver con tener conciencia de que, cuando hablamos de liderar a otras personas, todos nuestros recursos están dentro de nosotros. No hay que buscar más allá, tenemos recursos muy valiosos. Es tener en cuenta que cómo y cuándo te comuniques, va a tener un impacto en el otro. Y tener todo esto en mente quiere decir conocer cómo funciona nuestro cerebro para poder adaptarte a tu interlocutor desde esa versatilidad de la que te hablaba antes.

¿Y qué es lo que tenemos que conocer de nuestro cerebro para que eso sea así?

Bueno, esto es un temazo, nos daría para muchísimo tiempo. Pero, por ejemplo, un básico muy importante que debemos tener claro es que siempre, en todas las circunstancias, tenemos dos maneras de interpretar la realidad y siempre estamos hacia un lado o hacia el otro. Una de estas maneras tiene que ver con nuestro circuito de amenaza que se activa muy fácilmente con la incertidumbre, un grito, un ruido, cuando la persona se siente evaluada o juzgada, una sorpresa o cuando dejamos una frase sin terminar del tipo “tenemos que hablar”. Sabemos que activamos este circuito de amenaza o, por el contrario, el circuito de recompensa que es cuando la persona siente que no hay ninguna amenaza y puede estar tranquila y receptiva a lo que le tengan que decir. El líder ha de saber que tiene la capacidad de encender uno de estos dos botones y que su manera de hablar y relacionarse va a incidir en un porcentaje altísimo en que se encienda un botón relacionado con la amenaza o un botón relacionado con la recompensa.

“La actividad contemplativa redunda en la calidad del trabajo y la productividad”

Usted promueve la actividad contemplativa para la reinvención profesional. ¿Por qué?

La actividad contemplativa tiene que ver con muchas cosas, no solo con meditar o con mindfulness, también es cuando la gente reza o cuando das un paseo por la naturaleza contemplándola. Tiene que ver con el recogimiento interior. Fíjate, hay en nosotros otro circuito que tiene que ver con la atención, se refiere a que cuando estás hacia afuera con toda tu atención puesta en las circunstancias externas, de alguna manera se apaga la introspección, la atención hacia adentro. Muchas veces estamos bastante desconectados de nosotros mismos y esto hace que vayamos como pollo sin cabeza, sin conciencia. Cuando estás desconectado de ti mismo es muy difícil ser coherente y auténtico. Entonces, activar la introspección -la atención hacia ti- de vez en cuando a lo largo del día es un entrenamiento que permite tomar conciencia de cómo nos afectan las cosas y relacionarnos con esa autenticidad. Y, por otro lado, todo lo que tiene que ver con la actividad contemplativa está muy vinculado a estar en modo presente, aquí y ahora. Nuestra mente es una gran viajera que está constantemente anticipando peligros del futuro o enganchada a situaciones o errores del pasado y esto nos desgasta muchísimo. Entrenarse con este tipo de actividades contemplativas durante todos los días va a ayudar mucho a trabajar desde ese presente que permite reducir los niveles de estrés y aumentar el bienestar no solo a nivel personal, también esto se ve reflejado en las relaciones profesionales, en la calidad del trabajo y en la productividad.

Hay profesionales que alegarían falta de horas para esto…

Mira, cuando alguien me dice que no hay tiempo, le digo que lo que no hay son prioridades. El tiempo está disponible, es el mismo para todos y lo importante es saber priorizar. Estamos hablando de invertir un tiempo en ti mismo -y no hablamos de mucho tiempo, pueden ser unos minutos al comenzar el día o descansos varias veces al día- que te van a permitir ser mucho más productivo. Es decir, vas a “perder tiempo” -entre comillas- para ganarlo después. Desde mi punto de vista, la falta de tiempo es una excusa. Cuando tienes claro que si estás bien, vas a trabajar mejor, rendir más y el impacto en tu entorno va a ser más positivo, entonces priorizas ese tiempo para ti.

¿Nuestro cerebro está preparado para la multitarea de estos tiempos?

Pues tenemos la capacidad de hacer muchas cosas a la vez, pero cuando dividimos nuestra atención entre varias actividades el rendimiento a nivel cerebral decrece. Es decir, si repartes tu atención entre distintas tareas, al final no tienes toda la atención en todo lo que haces. La multitarea está muy bien en los ordenadores en los que puedes tener unas cuantas ventanas abiertas a la vez, pero no en nuestro software mental. Cuando nos centramos en un tema y ponemos foco estamos dedicando el cien por cien de nuestra atención a esa tarea. Y cuando eso lo diluimos entre distintas opciones, nuestro cerebro se compartimentaliza y no dedica todos los recursos que necesita a esas tareas. Es superimportante aprender a focalizar y, como decíamos, estar en modo presente: haz lo que haces. Sí es cierto que nuestro propio cerebro a veces no pide picotear y hacer distintas cosas a la vez. En términos de aprendizaje, ese “picoteo” está muy bien porque te prepara para la tarea, es decir, muchas veces necesitas perder el tiempo para después concentrarte. Pero cuando necesitas aumentar tu rendimiento hay que ir de uno en uno.

Háblenos de eso, “perder el tiempo…”

Perder el tiempo o “nadear” -como me gusta llamarlo- tiene que ver con “hacer nada”. O sea, mandar a tu cerebro al patio de recreo y que se vaya a donde quiera. Muchas veces la gente dice: “yo para no hacer nada, leo un libro, veo la televisión, escucho música o me duermo”, y eso es hacer otro tipo de cosas. Pero “hacer nada” es hacer nada. Es decir, no forzarte ni programarte a nada, simplemente centrarte en las musarañas, soñar despierto y que tu cerebro viaje donde quiera y te pida lo que necesita. Muchas veces cuando haces el ejercicio de “nadear”, de repente te das cuenta de que estás imaginando algo o pensando en las vacaciones. Bueno, pues de eso se trata, dejar que tu mente vaya donde necesita y piense lo que quiera en varios momentos a lo largo del día. Es un descanso mental que produce un estado de conciencia o de frecuencia eléctrica a nivel cerebral -las ondas Alfa-, que van a ayudar a ponerte en modo de alto rendimiento o en modo creativo. Se ha demostrado científicamente que siempre, justo antes de un pico de creatividad, hemos estado en frecuencia Alfa -por encima de 42 hercios- y para llegar ahí necesitamos estar relajados, tranquilos, con nuestra mente no viajando. Este tema de no hacer nada es superinteresante. Perder el tiempo un poquito antes de empezar una tarea difícil va a ayudar a tener más concentración y a tardar menos tiempo en afrontar esa tarea.

O sea que la creatividad nos necesita inactivos al comienzo…

Sí, claro, tienes que preparar la mente para la tarea. Muchas veces las ideas vienen cuando menos te lo esperas: mientras te das una ducha, haciendo deporte, cuando te vas a dormir… De repente, tu mente ahí se pone a funcionar y surgen las ideas. Y esto es así porque cuando la mente se relaja, inmediatamente después hay un pico eléctrico y de creatividad. Obviamente, la creatividad siempre te va a pillar trabajando en el sentido de que tienes que focalizar tu mente en algo -hay que decirle a la mente sobre qué tiene que crear-, dejarle un margen de tiempo para relajarse y después ya ponernos a la tarea.

“En estos tiempos de pandemia es muy importante estar más unido que nunca a nuestro equipo de trabajo”

Dice usted que las emociones se contagian con más facilidad que un virus, pero ¿cómo podemos reforzar emociones que sean positivas si la distancia se ha impuesto entre nosotros?

Eso es un auténtico desafío. La presencia nos ayuda muchísimo a contagiar y sincronizar nuestros cerebros para lo bueno y para lo malo, y claro, relacionándonos a través de las pantallas hay que poner mucha más atención. Cuando hay presencia todo sucede de forma automática, pero con el distanciamiento social nada sucede de forma automática, hay que provocar el contacto frecuente con nuestros seres queridos y aquellas personas que nos cargan las pilas a través de llamadas, videollamadas… Hay que provocar ese contacto a través de la voz y la mirada con más frecuencia que cuando hay presencia. Y luego, cuidar detalles. Por ejemplo, intentar mirar a la cámara cuando estamos en una videollamada para que nos sintamos mirados. Si no tenemos el contacto visual, no estamos teniendo ese contacto auténtico.

Le he leído que la gratitud actúa como un anticuerpo contra la queja. ¿De qué forma lo hace?

Básicamente, cuando trabajas la gratitud estás cambiando la atención, y en lugar de fijarte en lo que no tienes, te fijas en lo que sí tienes. Este ejercicio, que parece muy simple, tiene un impacto enorme en nuestro cerebro. Los estudios han evidenciado que donde pones tu atención, es lo que tienes, es lo que ves. No es que lo atraigas, es simplemente que tu atención amplifica la realidad. La atención es como una especie de lupa que amplifica las cosas. Entonces, si tu atención la pones exclusivamente en la queja, la estás poniendo en lo que no tienes y eso se amplifica. Pero si pones tu atención en lo que sí tienes, estás poniendo la lupa en una realidad constructiva y esto ayuda muchísimo. Por otra parte, sabemos también que cuando se trabaja desde la gratitud y te acostumbras a ser agradecido, incides en una parte de tu cerebro -la corteza prefrontal izquierda- que tiene que ver con la percepción que tienes de tu propio bienestar y con la empatía. Se sabe que las personas que cultivan el agradecimiento tienen una percepción de felicidad mayor que otras -aunque estén en circunstancias vitales más complejas o convulsas- y además, tienen una capacidad de entender a los demás mucho mayor. Entrenar la gratitud produce un beneficio en estas dos facetas, la percepción de felicidad y empatía. Esto ocurre por contagio neuronal al estar ubicada en la misma zona del cerebro que regula ambas percepciones.

Estas circunstancias personales-profesionales que estamos viviendo determinadas por la pandemia pueden desbordarnos en algún momento. ¿Algún consejo?

Yo creo que es superimportante estar más unidos que nunca con los compañeros de trabajo. La sensación de estar solo o aislado no es nada positiva ni para nuestro bienestar emocional, ni para nuestro bienestar mental y nuestra salud. Es fundamental en el contexto profesional tratar de mantener esos vínculos que teníamos en el pasado con nuestro equipo de trabajo. Y por parte de los líderes de las empresas es muy importante tener comunicación transparente, con frecuencia, utilizando los canales adecuados para trasladar mensajes de realidad sin falsas expectativas y mensajes de futuro, en la medida de lo posible, para evitar que la mente rellene los huecos de la incertidumbre y se invente cosas.

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